29 enero 2012

Elvis y el chocolate caliente



¿Hay algo más tedioso que una tarde de domingo? cuando el tiempo bostezando, y tan aburrido como nosotros, parece no avanzar?
Largas tardes invernales, iniciadas con una dilatada sobremesa tras la cual las horas parecen aletargarse bajo el influjo de una pesada digestión.
En la tele alguna peli simplona, y varias veces vista, sirve de cojín sonoro para una inevitable siesta. Fuera, en la calle, un sol engañosamente cálido nos demuestra como va expandiendo, cada día más, su dominio sobre la tarde. Las seis y aún es de día.

En mis recuerdos de infancia, esas tardes de invierno están asociadas a un curioso binomio: el chocolate caliente y las películas de Elvis.
Mi hermana mayor era una gran fan del rey del rock. En la pared de su habitación, y durante muchos años, lució un enorme póster de Elvis Presley con su característica sonrisa ladeada y su imperturbable tupé. Mi hermana suspiraba al mirarlo.
A mí me sorprendía su actitud desganada y pasota; pero me encantaba su música y su voz.
Cuando era pequeña, en la tele hacían ciclos sobre actores y directores (así fue como a los once años me tragué casi todas las pelis de Hitchcock). Los domingos por la tarde, en la Primera, le dedicaron uno a las películas de Elvis. Entonces, sin buscarlo, mi hermana y yo empezamos un ritual. Cada domingo, a la hora de merendar preparábamos chocolate caliente y palmeritas de hojaldre y nos lo comíamos mientras mirábamos la peli.
Me encantaba aquello porque era el único momento que compartía con mi hermana mayor, entonces una adolescente que pasaba de su hermanita pequeña siete años menor.
Aún hoy mi hermana se acuerda de aquellas tardes con nostalgia, y yo también. Desde entonces el chocolate caliente siempre ha tenido para ambas sabor a rock'n'roll.

Hoy el aburrimiento me ha hecho revisionar una peli de Elvis (desde que era niña no había vuelto a ver ninguna); más concretamente El rock de la cárcel. Craso error. Una nunca debe revivir los recuerdos de infancia. La memoria y el olvido son unos expertos maquillando defectos y limando asperezas.
¡Qué mal actor era Elvis! y que guión tan malo tenían sus películas! Pero su música -sin duda- sigue manteniéndose intacta, igual de genial.


25 enero 2012

leer o releer, he aquí la cuestión...

"Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído".
- Jorge Luís Borges



Hoy Virginia Woolf hubiera cumplido 130 años. Esta efeméride me recuerda que aún tengo pendientes por leer dos obras suyas: Fin de viaje y Tres guineas.

Mi lista de libros pendientes, no hace más que crecer! me entristece pensar que moriré sin terminarla nunca; pero una vida no es suficiente para leer la cantidad de libros que hay en el mundo.
Me parece que fue Harold Bloom quien dijo que no debemos preocuparnos por eso, ya que es imposible leer todos los libros existentes. Lo importante es encontrar, por lo menos, el libro perfecto, esa obra de arte que nos haya "tocado" profundamente y deleitarnos con el placer de su relectura.
Pero no sé..., no me convence este consuelo.

Cuando era adolescente sí que releía continuamente los libros que me gustaban, ahora casi nunca lo hago, y si releo suelen ser fragmentos o capítulos concretos.
Por ejemplo, y volviendo a Virginia Woolf, me encantaría releer la magnífica biografía que su sobrino Quentin Bell escribió sobre ella. O la biografía sobre Colette que publicó Judith Thurman. Pero ahora no tengo tiempo y ni ganas de biografías.
Suelo leer por impulsos y tengo rachas en que sólo leo ensayos, biografías, o cuentos y novelas. Después de la biografía de Susan Sontag, pasé a Un pensament de sal, un pessic de pebre de Montserrat Roig, un recopilatorio de sus artículos publicados durante 1990-1991 en el periódico Avui.
Josep Pla -autor que me despierta una agitada ambivalencia- decía que aunque "el público crea que las novelas tienen que tener argumento no quiere decir que la vida lo tenga." La vida para Pla carece de argumento, es algo incoherente, caótico, desordenado, sin unidad. "El bosc enerva sempre un xic; el jardí és més intel·ligible i plàcid" decía. ("El bosque enerva siempre un poco, el jardín es más inteligible y plácido)
Así que debe ser por eso que ahora tengo ganas de novela. Y mientras espero que mi madre terminé con 1Q84, y pendiente de buscar la recomendación que me hizo B52s, Brocheta de carne; he empezado con Una habitación con vistas de E.M. Forster. Y en consecuencia, de lo que tengo ganas ahora es de viajar a Florencia, jaja.

En fin, os dejo con un corto animado precioso sobre el amor por los libros inspirado en Buster Keaton, el huracán Katrina y el Mago de Oz. Una historia que nos habla de la gente que ama los libros y del poder curativo de las historias.


22 enero 2012

el lado oscuro de mi madre



Mi madre lo ha vuelto a hacer. Me ha espoileado otro libro. La culpa es mía por preguntar, lo sé, pero quería saber que tal estaba el último libro de Murakami, 1Q84. Se nota que le está gustando, por como lo explica y por la protagonista, otra especie de ángel exterminador a lo Lisbeth Salander.

Mi madre me está sorprendiendo, nunca me hubiera imaginado que le gustaría tanto la novela negra y los thrillers: después de la trilogía de Millenium, continuó con las novelas de la otra Larsson. Además, ella y mi padre, no hay día que se pierdan la reposición (por enésima vez) en la tele de Se ha escrito un crimen. En serio, no sé que pasa con la señora Fletcher pero tengo comprobado que todos los padres de mi generación la adoran. Ella, Columbo y la inspectora Julie Lescaut, en mi casa, son sagrados. El otro día se me ocurrió llamar a mi madre por teléfono a la hora de la serie y por poco me cuelga!
Cuando era pequeña no me perdía ningún episodio de Se ha escrito un crimen, hasta que tuve a una profesora clavada a Angela Landsbury y le cogí manía a la sra. Fletcher. Además, viendo la serie una se pregunta: ¿cómo se atreve todavía alguien a invitar a esta mujer a casa? si sus visitas son símbolo de muerte y asesinato!
Esto me recuerda como aluciné el día que mi abuela me contó que le chiflaban las películas de terror; y cuanto más gores mejor! a lo tonto, se había visto todos los clásicos del género! Decía que le hacían reír! (??). Fue buenísimo ver Scream 3 con ella en la tele. Yo con los ojos cerrados y gritando por los sustos y ella partiéndose el culo. Mi abuela tenía una vena sádica muy inquietante...

En definitiva, está comprabado que soy una cagada y que no he heredado la vena morbosa de la línea femenina de la familia; eso, o se trata de un gen recesivo que se manifiesta con la edad.
En cuanto a mi madre, como ya se está terminando el primer volumen de 1Q84, le he regalado la segunda parte para su cumpleaños. Aunque esta vez evitaré preguntarle nada, no vaya a ser que me reviente el final...

Y hablando de Lisbeth Salander, no sé que tal estará la versión made in USA de la peli (para mí Lisbeth siempre será Nooami Rapace), aunque los títulos de crédito son impresionantes.


18 enero 2012

ataque de misantropía



Coger asiduamente el transporte público va a acabar con mis escasas reservas de amor al prójimo. Y con mi economía: indecente la subida de precios de TMB (2€ el billete sencillo!)
Aunque tengo que aclarar una cosa: no tengo problema con los autobuses, ni con el metro (vale, con el metro un poco sí), ni con los trenes (bueno, con Renfe tengo muchos!). Mi problema es la gente.
Por que a ver, yo entiendo que después de un largo día de trabajo alguien pueda oler mal; pero a las 8 de la mañana, ¿creéis que es normal que haya gente que huela a sudor? es que no se duchan?
Luego están los tíos salidos (sí, siempre son hombres, ojalá esto lo hicieran las mujeres atractivas) que con la excusa de la hora punta y que el metro está lleno, aprovechan para arrimarse y refregarte la cebolleta (sí, es asqueroso!).

Después están los espécimenes -aquí no haré distinción de sexos- que no respetan los límites de su asiento y ocupan la mitad del tuyo, o que te echan parte de su chaqueta, mochila o bolso encima. Una vez en el autobús, un chico se quedó dormido literalmente encima mío, más concretamente encima de mi hombro: fue muy embarazoso.
Dentro de esta categoría, entrarían los lectores de periódicos que sólo saben leer la prensa sosteniendo las hojas con los brazos bien extendidos.

Un post aparte merecerían todas aquellas personas que generosamente comparten (sí, estoy siendo irónica) su amor por la música con el resto de viajeros. Por eso, para que tú también disfrutes de un "precioso" reggaeton o del ritmo taladrante del electro house, escuchan su música sin auriculares. Y si los usan, suben el volumen al máximo para que tú también lo puedas disfrutar.

Luego tendríamos a los exibicionistas verbales. En esta categoría incluiríamos a todo aquel conjunto de personas que goza hablando a gritos -ya sea por el móvil o con alguien más- para que todo el mundo se entere de sus "apasionantes" vidas. Generalmente -aunque ellos no lo saben- resultan cansinos, irritantes, o simplemente imbéciles. Y terminas teniendo un diálogo mental con ellos en el que domina el sarcasmo y las palabras soeces.
Para no acabar mal de la cabeza, y poder seguir durmiendo o leyendo tranquilamente, acabo sacando mi mp3 y los auriculares. Pero el problema viene cuando, a pesar de la música, sigo oyendo el "mundanal ruido". Así que subo el volumen de mi mp3 hasta ahogar los sonidos exteriores. Y entonces se produce la tragedia, el acto consciente y dramático de saber que en ese preciso instante he pasado a formar parte de una de las categorías anteriormente citadas.

No sé, quizá debería irme a vivir a Suiza donde todos los trenes tienen un vagón silencioso, porque me encanta viajar en tren.
En fin, no toméis muy en serio mis ataques de misantropía: en el fondo me gusta la gente, pero en pequeñas dosis.


14 enero 2012

Re-bajada


foto: idgie

Desde hace más de una semana hay un par de preguntas que rondan por mi cabeza: ¿se puede ser inmune al fenómeno de las rebajas? ¿y por qué nos fascinan tanto?

Personalmente les tengo cierta aprensión; no soy muy amante de ir de compras. Las rebajas te "obligan" a comprar cuando ellas quieren, e incluso cosas que en el fondo, no necesitas. Es ver escrita la sugerente palabra en los cristales y activarse tus ansias de comprar.
No me considero una persona materialista, pero es bastante difícil mantenerse inmune al bombardeo consumista de la sociedad capitalista. Poseer más y más objetos parece ser la vía directa para alcanzar la felicidad, y comprar se ha convertido en la solución fácil para apaciguar nuestra ansiedad.
Como todo ser humano, no soy impermeable a tales circunstancias y he sucumbido, con conocimiento de causa, al embrujo de la palabra Rebajas. ¿Necesitabas otras zapatillas deportivas? me preguntaréis. Pues no, pero fue ver unas Munich rebajadíssimas y comprármelas de cabeza. Siendo aún invierno, ¿me hacía falta una camiseta de manga corta como ésta? evidentemente no, pero ya está en mi armario aguardando al buen tiempo para ponérmela.
En mi descargo tengo que añadir que también me he comprado cosas que sí necesitaba: un jersey, unos zapatos, una camisa chulísima y un gorro para proteger a mis despejadas orejas del frío.
Este año la crisis me ha "ayudado" a contenerme, pero no he podido evitar fundirme, en menos de una semana, una parte sustancial de mi sueldo. Y aunque me digo que he comprado bien, y que sólo me he dejado tentar por un par de cosas, no puedo evitar seguir deseando ese iPod de 8GB superbarato que vi el otro día, o en esos pantalones que me probé el viernes y que me quedaban perfectos.
En fin, he consumido, luego existo....

Y hablando de sentimientos encontrados, no puedo evitar sentirme fascinada por la música de Lana del Rey aunque ella, personalmente, me despierta bastanta aprensión.

11 enero 2012

cuando París era una mujer



A lo largo de los años, han sido varios los libros que me ha influido de una manera profunda hasta el punto de cambiar mi manera de entender el mundo. Uno de esos libros fue La passió segons Renée Vivien, de Maria-Mercè Marçal.
Como todas las cosas importantes en esta vida, la novela de Marçal llegó a mí de manera casual, husmeando en la destartalada biblioteca de mi pueblo. Había oído hablar de la autora y había leído algunos de sus poemas; así que decidí llevarme su primera -y única novela- a casa. Por entonces, estaba en mi primer año de universidad y aunque parezca mentira, nunca había oído hablar ni de la mitad de las artistas que aparecían en el libro.
La passió segons Renée Vivien (a mí parecer una de las mejores novelas catalanas contemporáneas), más que por la historia en sí, me influyó porque me mostró un nuevo mundo, una realidad hasta entonces desconocida para mí: la de la comunidad de mujeres artistas del París de entreguerras.

A partir de la novela de Marçal descubrí la obra de Colette, Djuna Barnes, Natalie Barney, Renée Vivien, Gertrude Stein... Y buscando más información sobre estas mujeres, llegué a parar a uno de los ensayos más emblemáticos sobre el tema: Las mujeres de la Rive Gauche de Shari Benstock. Un estudio apasionante sobre la comunidad intelectual femenina que se desarrolló en París entre 1900-1941, alrededor de los salones de dos de las expatriadas americanas más importantes e influyentes del siglo XX: Natalie Barney y Gertrude Stein.
El libro de Benstock ofrece una visión amplia y hasta entonces desconocida de la vida y obra de artistas (lesbianas o bisexuales en su mayoría) como Romaine Brooks, Djuna Barnes, Nancy Cunard, Natalie Barney, Gertrude Stein, Alice B. Toklas, Sylvia Beach, Adrienne Monnier, Jannet Flanner, Marie Laurencin, Tamara de Lempicka...
Desde entonces he ido leyendo las biografías -siempre apasionantes- de muchas de estas mujeres, y gran parte de sus obras. Es increíble como hasta el final de la década de los ochenta, la obra y existencia de muchas de estas artistas, había caído en el olvido (interesado?) y en el ostracismo, negándoseles la importancia y mérito que merecían.

En 1996, Andrea Weiss y Greta Schiller, basándose en parte en el libro de Benstock, realizaron un documental sobre las mujeres de la Rive Gauche titulado Paris Was a Woman. Hace unos años, gracias a internet, conseguí comprar el documental y me entusiasmó.
Ayer, dentro de las actividades programadas a raíz de la exposición sobre Claude Cahun en el Palau de la Virreina, se proyectó dicho documental con la presencia de la directora Greta Schiller y la guionista Andrea Weiss. Fue un éxito de asistencia, y por fin pude ver el documental subtitulado (mi copia en DVD no incluye subtítulos en castellano).
Tras la proyección, pudimos disfrutar de un coloquio entre ellas y François Leperlier (descubridor de la obra fotográfica de Claude Cahun) y contagiarnos un poco del espíritu de esas mujeres extraordinarias que tuvieron la suerte de vivir en el mítico París de entreguerras, cuando el mundo -como diría Hemingway- "era una fiesta".

Si tenéis ocasión, os recomiendo la exposición dedicada a Claude Cahun. Fotógrafa surrealista precursora -avant la lettre- de la teoría queer, y cuya obra conecta con muchas de las inquietudes del arte contemporáneo; como las fronteras de la identidad y el género, la escenografía de objetos y la autorepresentación. Es por eso que sus fotos resultan tan modernas y nos recuerdan a la obra de fotógrafas como Cindy Sherman y Francesca Woodman.

foto: Claude Cahun

07 enero 2012

todo vuelve a comenzar




Éstas han sido unas Navidades muy raras, la austeridad y el minimalismo no casan bien con estas fiestas. Y cuando por fin comenzaba a conectarme con el rollo navideño, todo ha terminado.

El Fin de Año fue excesivamente tranquilo, cena familiar en casa de Idgie, cava, uvas y temprano a la cama (ese día había trabajado, y estaba agotada). Empecé el 2012 con un resfriado de los heavys: tos de perro, y una congestión peor que la de las rondas en hora punta. Mi jefa, al verme en tal estado el día 2, me dijo: "¿Qué, te pegaste la gran fiesta en fin de año, eh?" Oh, sí! si tú supieras..., pensé.
Aunque este año tampoco tenía ganas de fiesta loca; cada vez me gusta menos salir en Nochevieja. Al menos empecé el año con un buen polvo, que es lo importante. ;)

El jueves después del trabajo, devoré la comida en 10 minutos y salí pitando hacía Sants a coger el tren. A medio camino me llamó mi hermana pequeña que casualmente había tomado el mismo tren que yo, levanté la cabeza y la vi al fondo del vagón con el teléfono en mano. Llegamos al pueblo justo a tiempo para acompañar a mis sobrinos a la cabalgata de Reyes. Este año los de Oriente no vinieron muy cargados de regalos pero eso tampoco importa; aunque suene a tópico, que mi familia y amigos estén bien ya es regalo suficiente.

Este 2012 empieza cargado de incertidumbres, los expertos dicen que será peor que el anterior. Pero yo quiero pensar que todo está por empezar: varias de nuestras amistades tendrán su primer hijo, tenemos la boda de la prima de Idgie, la comunión de mis sobrinas, un pequeño viaje pendiente, proyectos laborales, esperanzas, sueños por realizar, nuevas oportunidades... Crucemos los dedos y esperemos que este 2012 nos sea propicio!